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Perdón por no haber publicado ayer, pero estoy de trabajos y exámenes hasta arriba. Eso sí, para compensaros, os traigo una historia que quita el hipo. Ya se sabe que los españoles somos muy brutos, y más aún cuando éramos “colonizadores” y queríamos evangelizar a los pobres americanos, que eran bastante felices hasta que llegó Hernán Cortés con sus amigos. Siglo XVI, para que os hagáis una idea concreta.

La leyenda de “La Misa Macabra” arranca en San Luis Potosí (el nombre me hace mucha gracia, qué le voy a hacer). Está en Mexico, por cierto. Resulta que en tiempos de la colonización, hubo un tipo llamado don Rodrigo al que el Rey de aquel entonces le dio unas tierras y unos cuantos miles de esclavos. Para hacerse rico riquísimo, el hombre buscó oro hasta que se le fundieron los plomos del cerebro. Mató a sus trabajadores de hambre, y de hecho la historia cuenta que daba latigazos a cadáveres de hombres que habían muerto en los campos.

Ciñéndonos a la leyenda que nos ocupa, al tipo le contaron que había oro en San Luis y lo buscó hasta que perdió el juicio. Tanto fue así que encerró a un centenar de indios en una mina, junto a dos buscadores de oro españoles (los hermanos De La Rosa) y luego desvió un canal para que inundara la mina, provocando, obviamente, que aquella gente pereciera ahogada. Los días pasaron y la conciencia le empezó a dar guerra. El hombre no dormía por las noches, empezó a tener fiebre y sueños espantosos (lo cual no es extraño, porque estaba tarado), y cuando ya no pudo soportarlo más, fue en busca de un cura, un fraile recién llegado, muy buen o, muy bueno, que le impuso 12 penitencias, amén de una misa oficiada por su confesor cuerpo presente.

Pasaron 24 años más y el pobre don Rodrigo (de pobre nada, que era muy bestia) murió, dejando un testamento la mar de gracioso: su última voluntad era un funeral en el que estuvieran presentes varias personas concretas. Personas, que para aquel entonces, habían muerto en su mayoría. Claro, la familia casi se vuelve loca (más aún) para encontrar aquellas personas, y más al darse cuenta de lo terrible del paso del tiempo (que pasa para todos, vaya).

El caso es que tres años después, Doña Soledad (la familiar que había intentado organizar todo el trajín) escucha sonidos extraños en la calle. Al asomarse, un montón de gente… ¿gente? No. Fantasmagóricas figuras se dirigen al Panteón. Ella les sigue, y presencia la famosa Misa Macabra, que cumple por fin los deseos del muerto.

La escena se repite a lo largo de los siglos. Se dice que en ha habido varios testigos de estas celebraciones litúrgicas, ya que se supone que se celebra una cada 100 años, y tienen que cumplirse un total de siete (quedan dos o tres, depende de cuándo empecemos a contar). Así que habrá que estar atentos.

Aunque sinceramente, lo que yo pienso es que la historia de la Misa Macabra es una estrategia de marketing del ayuntamiento de San Luis para atraer más turistas y contarles historias peculiares. A todo esto, creo a pies juntillas que a la familia de don Rodrigo le faltaba un tornillo. ¿Qué opináis vosotros? ¿Conocíais la leyenda? Dejádmelo escrito aquí abajo, credulillos. La semana que viene, ¡nueva historia! Prometo ser puntual.